Elena Valero Narváez
Un modelo de político antiliberal: Juan Domingo Perón
“Tuvo Perón clara visión de lo vivo y lo muerto del nacionalismo y de
lo vivo y lo muerto del yrigoyenismo, de lo rescatable de la izquierda,
dándose cuenta que la “idea nacional” necesitaba pasaporte popular.
Profundo conocedor de la filosofía política vigente “le puso letra de
tango” y pulsando las cuerdas de la guitarra
popular
la transmite a la mayoría nacional. Perón fue el puente entre la
revolución nacionalista castrense y la mayoría popular. El vector de la
idea nacional…”(Alberto Ottalagano. Soy fascista ¿y qué? Una vida al
servicio de la Patria. Ed Roca. Producciones. Buenos Aires.1983)
Le
tengo mucho respeto al Dr. Jorge Castro, como analista internacional,
pero creo que su nota en La Nación (6-9-12) titulada “Las raíces
liberales de Perón” lleva a una confusión histórica. Que la formación
liberal de Perón se revele en que bautiza a los ferrocarriles Roca,
Sarmiento y Mitre no desdice que su política fue antiliberal. Tampoco
atestiguan los hechos que Perón responda a la Organización Nacional que
tuvo a Alberdi como su principal pensador político.
La doctrina
peronista eran algunos principios que servían para la acción. Como
Mussolini Perón dijo que la doctrina peronista eran los hechos.
Cuando les convenía, tanto Mussolini como Perón, como lo hace Chávez y
otros gobernantes populistas, en la actualidad, tomaban prestadas ideas
del socialismo, de Marx, a la Iglesia, a la democracia, al nacionalismo,
al sindicalismo, mientras sirvieran a sus propósitos.
A diferencia
del fascismo o nacional socialismo que nacieron después de la guerra, y
que fueron una reacción ante las condiciones de humillación que les
deparó el fin de la Gran Guerra, el peronismo se produce en un clima de
prosperidad lograda con anterioridad.
Fue, como muchos gobiernos de
América Latina, un régimen nacionalista, popular, con apoyo de un sector
importante del Ejército, con pretensiones de autarquía y marcadamente
oportunista.
Toda su acción fue destinada a terminar con las ideas
liberales que defiende la Constitución de 1853. En una entrevista que le
hizo Félix Luna, él asegura que vio, en Italia, como funcionaba el
régimen mussoliniano y, que éste, sería el que tendría la Argentina unos
años después. Por cierto, se dedicó a establecerlo en nuestro país.
A pesar de que los países aliados ganaron la Segunda Guerra Mundial,
los militares argentinos imbuidos de ideas fascistas no se resignaron y
trataron de ponerlas en práctica.
Con la política peronista se
multiplicaron las funciones del Estado, y como consecuencia inmediata,
la burocracia estatal, la lentitud y mal funcionamiento de las
organizaciones estatales que se ampliaron a la par de sus actividades.
Se extendió la corrupción, correspondiente a todo régimen donde se
traba la libertad de acción de la opinión pública, que fue férreamente
controlada.
Los partidos, las elecciones, los sindicatos, solo tenían la importancia de servir a sus designios..
Como bien lo enunció, en su libro, Ottaggalano, su gobierno estuvo en
contra de un régimen con instituciones de inspiración liberal: ”….la
legislación , hija de Caseros y Pavón, hizo escuela de jurisprudencia.
Conformo la filosofía del régimen (el conservador) Esa filosofía es la
que hay que destruir”. Fue una dictadura electiva.
En sus discursos
Perón hablaba de comunidad organizada como si la sociedad fuera un
organismo y sus integrantes pudieran ser organizados desde el Estado,
único capaz de alcanzar la grandeza de la Nación a la que aspiraba darle
como, en el régimen mussoliniano, personalidad propia. Así lo
expresaba: ..”la vida civilizada, en general, y la economía, en
particular, del mismo modo que la misma vida humana se extinguen cuando
falla la organización de las células que la componen”
El Estado
intentó intervenir en todos los ámbitos de la vida social y personal: se
inmiscuyó en la educación, en la cultura, en el movimiento sindical, en
la economía, en el sistema de partidos, en la opinión pública, en el
trabajo y en las creencias. Toleró solo a las instituciones que supieron
callar o le brindaron su apoyo convirtiéndose en cómplices de la
política autoritaria y populista de Perón.
La prensa, la radio, el
cine, la TV, la policía, la educación, y, hasta el ocio y la recreación
fueron elementos de propaganda, todo estuvo a su servicio.
Cipriano
Reyes, Ricardo Balbín, Alfredo Palacios, Manuel Ordóñez, Crisólogo
Larralde, Felix Luna, entre muchos otros, fueron víctimas del régimen y
perseguidos con cárcel, intimidaciones, o tortura. Los que la padecieron
recordaban, entre otros torturadores profesionales, a “Cipriano
Lombilla.” y a “Amoresano”
En las cárceles se encontraban los
“vendepatrias”,”traidores”, o “contreras”: obreros, sindicalistas,
estudiantes, intelectuales, profesionales, compartiendo la misma suerte.
Alfredo Palacios, Ricardo Rojas, el premio Nobel Bernardo Hussay, entre
otros dignos profesores, quedaron cesantes o fueron jubilados de
oficio. Mas de mil, sufrieron esa pena con la intervención de las
universidades.
Los sindicatos se sometieron a las directivas de
Perón. Por un decreto de 1945 se imitó a la mussoliniana. ley Rocco, de
1926, por la que se clausuró la posibilidad de que hubiera mas de un
sindicato por actividad. Creó un sindicalismo “fiel” qué cumplía sus
ordenes a cambio de ventajas laborales y dádivas que llegaron a
importantes puestos políticos, incluso en el Congreso.
La copia de
la propaganda fascista la ofrecían los libros de lectura donde se
idealizaban a Perón y a Evita. Se podía leer por ejemplo:”Al
nacionalizar el Banco Central, los ferrocarriles, los teléfonos, los
transportes urbanos y los puertos,, al crear la flota mercante nacional y
la flota aérea, Perón aseguró la soberanía nacional” (Texto “Mensaje de
Luz”, para tercer grado. Ed. Estrada, 1953)
El 9 de julio de 1947,
en la ciudad de Tucumán, Perón firmó el Acta de la Independencia
Económica donde el pueblo argentino se emancipa de “los poderes
capitalistas foráneos y se declara el propósito de romper con los
“vínculos dominadores del capitalismo extranjero y de las naciones
comprometidas con él”
Desde 1943 a 1955 los gobiernos
argentinos se dedicaron a obstaculizar los mercados. Se perjudicaron las
exportaciones, se subsidió a las empresas que se dedicaron a producir
bienes de consumo interno, por eso escasearon las divisas y
consecuentemente disminuyeron las importaciones, las cuales podrían
haber conseguido un crecimiento sostenido.
Las nacionalizaciones
eran vistas como logros patrióticos. Se persiguió la propiedad privada
mediante nacionalizaciones y apropiaciones arbitrarias del Estado.
Protegió a las empresas nacionales por medio del control de las
importaciones y el control de cambios. Asegurada su existencia por el
Estado, las industrias protegidas o subsidiadas, durante décadas, se
acostumbraron a una vida parasitaria, rutinaria y prebendaria. Muchas se
preservaron a pesar de ser ineficientes.
La inviabilidad de
esta política se comenzó a notar a partir de 1948. Se había hecho perder
la inversión extranjera directa que permitió a otros países como
Brasil, Canadá y Australia, la industrialización en el período de
posguerra.
EEUU castigó a la Argentina por su obstinada política de
simpatía por el fascismo y el nacional-socialismo. En 1940, las
inversiones de ese país en Argentina superaban en un 60 % a las
realizadas en Brasil: en 1955, apenas el 40 % de la inversión de EEUU a
Brasil era para nuestro país.
Como bien dijo el historiador Diaz
Alejandro:”… las políticas de 1943-55 eran respuestas tardías y
extemporáneas al impacto de la Gran depresión: las actividades
industriales y rurales que recibieron mayor atención del gobierno , por
lo menos hasta 1953, fueron sobre todo las que se desarrollaron
rápidamente en el lapso de 1930 a 1943 y que cabía suponer estaban
llegando a la madurez…las industrias livianas de sustitución de
importaciones necesitaban un clima cada vez mas competitivo a fin de
asegurar su eficiencia e inducirlas a que se preocuparan por conseguir
mercados de exportación”
El Liberalismo es nada más y nada menos que
fe en la libertad. La llamada Generación del 80 y sus ideas, destruidas
a partir de 1943, permitieron que las instituciones progresaran a
medida que la educación se extendió y puso a la Argentina en la
dimensión de su tiempo . Todas las acciones y leyes ( libertad
religiosa, libertad de comercio, matrimonio civil) de ésa generación,
tendieron a disminuir los obstáculos que trababan la libertad
individual. Permitió lo contrario de Perón, que los argentinos
realizaran libremente su destino, mientras no avasallaran las leyes de
la República.
Juan Domingo Perón fue el artífice de una nueva
Argentina: la independencia y la responsabilidad que exige la libertad,
la reemplazó por sumisión a las directivas del Estado, con él a la
cabeza.. Para llegar al poder cortejó con éxito al Ejército, a la
Iglesia y a los Sindicatos. Para cumplir la voluntad del Presidente, el
Poder Judicial perdió su independencia y se incumplió la Constitución
Nacional .
Hoy perdura su modelo.
Elena Valero Narváez. (Autora de “El Crepúsculo Argentino”Lumiere.2006)
enarvaez@@hotmail.com